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Comencé la radioterapia y todo va más que bien

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El pasado martes 9 de febrero comencé con la primera de las 25 sesiones de radioterapia que voy a recibir, así que si no hay ningún contratiempo una servidora pondrá un nuevo check el próximo 14 de marzo. El avituallamiento no está tan lejos esta vez y menos aún al recibir las sesiones de lunes a viernes. Muy fan del momento tachado.

Much@s os preguntaréis por qué estoy recibiendo radioterapia si ya no hay bicho y la respuesta patológica ha sido completa. Voy a usar la metáfora que utilizó mi Doctora Silvia Sánchez, que me parece muy descriptiva al referirse a ella como “el cortafuegos que marca una zona de seguridad e impide que se vuelva a reproducir un fuego donde antes hubo llama”. Va entre comillas pero realmente no son palabras textuales, aunque se acercarán mucho a ellas. En esta metáfora, el tumor claramente es el fuego, la quimioterapia el liquido que lo apaga y la cirugía es la limpieza que se hace del sitio. Con la terapia hormonal lo que hacemos es no jugar con fuego.

¿Cómo están siendo mis sesiones de radioterapia?

Muy diferentes a las de quimioterapia, tanto en duración como en efectos secundarios. Como expliqué en mi anterior post, primero te hacen un molde y te tatúan unos puntos que servirá de referencia a los técnicos para la colocación de la máquina. La duración de la irradiación realmente es muy breve, en torno al minuto-minuto y medio. Ese espacio de tiempo es suficiente para que la radioterapia haga su trabajo.

El proceso que sigo es el siguiente. Llego al hospital y allí lo primero que recibo son las sonrisas de todas las profesionales de esta rama. Aún no conozco los efectos secundarios, pero los directos, que es haber conocido a todo este grupo de personas, es fantástico. Ojalá tod@s l@s que tengáis que pasar por eso recibáis el mismo trato en vuestros hospitales.

Apenas tengo que esperar y ya paso a una sala donde me quito toda la ropa de la parte superior y me pongo un batín de celulosa que se queda abierto por detrás. En otra sala me esperan los técnicos, la máquinas y el molde que me hicieron. Te tumbas en la máquina, encajas en el molde y a relajarse en el bunker. Una vez te has quedado sola en la habitación, la máquina empieza a trabajar. Gira sobre ti pero en ningún momento llega a tocarte y tampoco hace un ruido escandaloso. Yo cierro los ojos y aprovecho ese momento para pensar cosas relajantes y repetir mi mantra. La duración total de la sesión dura entre 10 y 20 minutos, dependiendo si toman imágenes o no y contando el tiempo que se invierte en colocarte en los parámetros exactos.

Además de las sesiones diarias, cada lunes tengo cita con Silvia, mi Doctora, y los miércoles con Elena, mi enfermera, que la tengo muy implicada para que se cumpla el tercer mantra. Elena, lo vamos a conseguir y nos iremos a celebrarlo con una caña.

De momento, no han aparecido los efectos más frecuentes como el cansancio, la falta de apetito, dificultad para conciliar el sueño, sequedad vaginal…sí tengo la piel un poco roja, pero soy de piel super sensible, de las que el sol mira de reojo y ya tengo color guiri. Ni escuece, ni pica, ni “ná de ná”

Cuidados para la piel

Antes de comenzar con la radioterapia Silvia y Elena me dieron consejos para el cuidado de la piel durante y después del tratamiento.

Durante todo este tiempo…¡adiós sujetador! Oye, qué liberación…jejeje Siempre hay que llevar una camiseta 100% algodón pegada al cuerpo de manga corta (no sirve de tirantes ni de manga que se queda por la axila, sino la manga corta de toda la vida) y encima de esa camiseta ya te puedes poner lo que quieras. No me veía yo muy cómoda con el sujetador por encima de la camiseta en plan superman (él con los calzoncillos), así que libertad absoluta.

El algodón es el material menos irritante para la piel, ideal para contrarrestar la extra sensibilidad de la piel.

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Comprados en www.farmaciagt.com

Además de la camiseta es muy importante mantener la zona bien hidratada y calmada. Las cremas que me recomendaron y que estoy utilizando son de la marca Avene. Realmente es un gel que se aplica durante la ducha (utilizar agua tibia a fría, nunca caliente) y un bálsamo para utilizar mínimo dos veces al día sobre la piel limpia. También hay una crema, pero me gustó más la textura del bálsamo.

Si hablamos de hidratación no debemos quedarnos solamente con la externa, también es muy importante la interna, así que a beber agua e infusiones.

Y mientras tanto…

Ya han pasado casi dos meses desde la última sesión de quimioterapia y el próximo 22 de febrero hago dos meses de la cirugía. Cada día me encuentro mejor, con más energía y más ganas de ir recuperando toda la normalidad que sea posible. Sigo trabajando con mi socia en nuestro proyecto de comunicación y he comenzado con Pilates ¡Madre mía! Después de casi un año y medio sin hacer nada no os quiero ni contar cómo me encuentro. Esto no es empezar de cero, es empezar desde menos veinte, pero…¡Es empezar!

En cuanto a mi imagen física ya me ha salido bastante cabello, cejas, pestañas. El otro día me fui de compras a hacer un poco de “cámbiame” (sí, reconozco que veo el programa y encima me gusta) con mi hermana y mi sobrina y me lo pasé muy bien. Durante estos días también he hecho turisteo por Madrid con mi pareja y me he reencontrado con Emily, una muy buena amiga que conocí en Dublin y que hacía casi cinco años que no veía.

Además, mientras tanto, sigo con mi meditación, a la que estoy cada vez más enganchada. Los resultados que obtengo son tan buenos que ya no concibo un solo día sin dedicarme unos minutos a la conversación conmigo misma.

¿Qué queda por delante?

A día de hoy 19 sesiones de radioterapia, 19 “banderillazos” de Zoladex, 8 vacunas de herceptin, cinco años de loxifan (a partir del 1 de marzo sustituye al tamoxifeno), dos cirugías (una para el expansor y otra para la reconstrucción definitiva).

Aunque la respuesta realmente importante a esta pregunta es

“Una vida con muchas ganas de ser vivida”

Como siempre, familia, amigos, profesionales como la copa de un pino del hospital…Gracias por estar ahí.